CINE Y VIDEO-ARTE
Asisto a una muestra de video-arte en una galería Barcelonesa. Se ha montado como una proyección de cine con sus filas de butacas y su sala oscura. De los vídeos la gran mayoría utilizan el lenguaje cinematográfico clásico, cuando no decididamente esteticista-paisajista. Uno de ellos ha escogido otro lenguaje: el collage y el humor. ¡Gracias Raquel!
¿Cual es la línea que separa el cine del vídeo-arte?
Ninguna. O dicho de otra manera la que separa al objeto de la escultura, la mancha (de diseño, de artes gráficas) de la pintura o la patochada de la danza. En definitiva lo que separa la artesanía (o la insensatez) del arte. El arte es un consenso que se produce entre los consumidores. El éxito del arte es el mismo que el de la mercancía. Cuando todos quieren consumirla, hablan devotamente, enamora, arrebata, entonces es arte. Tal como Moritz Weitz dijo el arte no puede ser definido esencialistamente porque no tiene esencia (o bien el esencialismo es inválido para definir el arte).
El problema del consenso arranca de Platón. En República, éste analiza el arco del conocimiento y ante la imposibilidad lógica de justificar el arco ascendente (la inducción) y la imposibilidad hermenuéutica del arco descendente (la deducción) opta por el consenso. De la misma imposibilidad se hizo eco Lyotard en su famoso informe sobre la posmodernidad. Danto y Diky también insisten en el consenso con distintas matizaciones.
Pero el consenso generalizado solo tiene sentido cuando el número de consumidores aumenta y solo aumenta cuando el arte se convierte en mercancía. Hasta mediados del siglo pasado hablar de consenso era hablar de “consenso de élites”. Mandarinato al fin. Warhol (que venía del mundo de la ilustración) rompió la tendencia introduciendo la economía en la esencia (en su concepto, en su definición) del arte. Arte para las masas; y las masas le comprendieron. Como el sicoanálisis, pronto comprendió que el arte nunca sería popular si no resolvía primero la cuestión del dinero.
El vídeo-arte no ha llegado aún a la fase de su difusión popular. Según la regla de los cincuenta años (todo arte asentado a nivel crítico tarda ese lapso en volverse popular) no le falta mucho, pero hasta que el veredicto de las masas se produzca (el consenso) no podremos afirmar que, y que no, es arte. Arte es triunfo. El arte que no triunfa no lo es. Si, ya se que periódicamente se producen resurrecciones de artistas no suficientemente reconocidos (Puvis de Chavanne, Popova,) pero siempre se deben a su escasa difusión que es lo que ha impedido que las masas los conozcan; a parte de la necesidad de los comisarios de inventarse nuevos artistas que mantengan la atracción de los museos y la evidencia que los resurectos nunca proponen nuevas tendencias sino que se encuadran en una bien conocida o, a lo más, entre dos.
Como todos los artistas visionarios, adelantados a su época, el artista debe trabajar sin saber si su obra será reconocida o no. El artista se nutre de la fe en si mismo. Casi sin saber si lo que produce es o no arte. Al fin y al cabo la literatura y la música se someten a un juicio de masas inmediato, que para el artista plástico queda diferido a un futuro más largo. Si sois jóvenes y suficientemente preparados la juventud os servirá mucho más que la preparación. El camino será largo. En arte, como en el Nobel, se premia una trayectoria. El que quiera recoger frutos tempranos que pruebe en la bolsa.
Pero hablábamos de cine. No podemos deslindarnos de él, pero el consenso que dentro de unos años premiará el vídeo-arte con el reconocimiento popular, seguro que tendrá en cuenta los que abrieron nuevos camino, los que innovaron, los que se separaron del cine. los que crearon un nuevo lenguaje.
El video-arte no puede soslayar el cine porque el que ignora la historia está condenado a repetirla pero lo que está claro es que el vídeo-arte debe hacerse contra el cine. ¡Año nuevo, vida nueva!







